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¡Feliz el sacramento de nuestra agua, porque, lavados de nuestros pecados y de nuestra antigua ceguera, nos libera para la vida eterna! Con estas palabras inicia Tertuliano su tratado sobre el bautismo, el primero en la historia de la teología cristiana. Es una invitación a celebrar el sacramento que da la vida eterna, la puerta de entrada a la fe cristiana, que a menudo queda en el olvido, sin recibir la importancia que en verdad merece.
Muchos cristianos ignoran la fecha y el lugar de su bautismo. Pero más grave aún, también ignoran lo que eso significó. Por eso no sorprende que la Iglesia atraviese en este tiempo una crisis de identidad. La respuesta, entonces, no puede consistir simplemente en bautizar más, sino en bautizar mejor. Es necesario poner en valor este sacramento admirable, de tal manera que sea comprendido como un lugar al que siempre conviene volver.
Cabe destacar, por otra parte, un interesante fenómeno pastoral. El hecho de que cada vez haya menos bautismos de niños ha permitido, con el paso del tiempo, una lenta pero sostenida revitalización de la catequesis de adultos, donde el anuncio cristiano es asumido con seriedad intelectual y fuerte compromiso existencial. En estos casos la pertenencia a la Iglesia se vive con gozo, lo cual es todo un signo de esperanza.
Este número de Communio no pretende abordar exhaustivamente el bautismo, sino tan solo ofrecer algunas pistas para estimular la reflexión y el deseo de reencontrarse con la gracia fundante de nuestra existencia cristiana, aquella por la cual fuimos sumergidos para siempre en el misterio de la Santísima Trinidad.
Para empezar, en un notable artículo, José Granados desarrolla la implicancia eclesial del bautismo, particularmente en relación con los demás sacramentos. Luego, Georg Röwekamp nos recuerda cómo era el proceso bautismal en la Iglesia primitiva, en la cual podríamos sin duda encontrar inspiración para hacer frente a ciertos desafíos actuales. En relación a esto último ofrecemos el diálogo entre el profesor húngaro Tibor Görfol y el joven obispo noruego Erik Varden, monje cisterciense, representante de una Iglesia pequeña en número pero vigorosa en identidad. Finalmente, Jonathan Ciraulo reflexiona sobre la primacía de la gracia en el bautismo, no sólo desde la teología de la redención sino también desde la teología de la creación; y a raíz de ello echa luz sobre la legitimidad de administrar el bautismo a los niños.
En otro orden, dentro de la sección Perspectivas, incluimos un artículo de Andreas Merkt sobre el lugar que ocuparon los Padres de la Iglesia en el pensamiento de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI.